“Necesito parar”

Siempre vas corriendo a todas partes, teniendo un sinfín de tareas que realizar, obligaciones que cumplir y gente que ver. Numerosas veces he escuchado en terapia como muchos de vosotros vais a mil por hora. El día a día se describe por el conjunto de muchas actividades: cuando sales del trabajo quieres formarte, al llegar a casa quieres que esté perfecta; y, además, a su vez quieres ir al gimnasio y apuntarte a cerámica; por no hablar de los jueves, que nunca perdonan, para tomar algo con tus amigos de siempre. 

Se puede percibir cómo vas de un lado a otro, llenando los días, esperando a que llegue el viernes para que pasen las semanas y de nuevo lleguen las vacaciones. Dejando una sensación de que el tiempo pasa muy rápido, porque son las semanas las que pasan por ti y no tú por las semanas. Alejándonos de vivir en el aquí y ahora, actuando como si llevases activado un piloto automático que te impide ser consciente del presente que estás viviendo. 

¿Qué ocurre? ¿De dónde nace esta necesidad de llenarte hasta arriba de cosas?

Hay situaciones en las que las personas tendemos a ponernos una máscara. Estar todo el día ocupado haciendo infinitas cosas puede constituir una forma de protegernos. 

Por ejemplo: imaginemos la situación de una persona que vive con su pareja y no se siente a gusto con ella. Realizar múltiples actividades a lo largo del día le mantiene alejado de ser consciente de que ya no se siente lleno o enamorado de su pareja. Esto le permite poder mantener la situación de estar juntos y sin tener que tomar una decisión difícil y dolorosa.  

Pero, ¿cuál es el beneficio de todo esto? ¿Por qué me cuesta tanto parar entonces?

Vivir a mucha velocidad nos permite:

  • Vivir desconectados de emociones degradables que nos perturban y asustan. 
  • Alejarnos de decisiones importantes que hay que tomar en nuestra vida. 
  • Desconectar de eventos traumáticos o dolorosos. 
  • No mostrar vulnerabilidades. 
  • Cumplir con la creencia de que “puedes con todo”, “todo está bien”. 

Parece que los beneficios son numerosos, y nos alejan de cosas negativas ¿verdad? No obstante, este estilo de vida tiene consecuencias negativas sobre nosotros mismos. 

Al parar, al quitarte la careta, te darás cuenta de que vivir corriendo y hasta arriba de cosas no hace que aquello que te genera malestar y sufrimiento desaparezca. Cuando vivimos desconectados de lo que sentimos, de nuestras necesidades y nuestras heridas, acabamos manifestando malestar emocional e incluso físico. En ocasiones nuestro cuerpo manifiesta la necesidad de parar desde la somatización y la enfermedad. De esta manera el cuerpo obliga a que mires qué está ocurriendo y a que pongas un límite a aquello que no lo está teniendo. Asimismo, como consecuencia de esta desconexión podemos encontrar dificultades en las relaciones sociales, donde podemos apreciar falta de expresión emocional y de límites. 

¿Qué puedo hacer para prevenirlo?

A veces da miedo frenar y escucharse, conectar con todo aquello que nos produce dolor. Evitamos dar el paso a encarar estas cosas de frente porque estamos acostumbrados a gestionarlo desde el “seguir hacia delante”. No nos damos cuenta de lo necesario que es, para seguir adelante, poder mirar y vivir nuestro presente. Es importante pararte a escuchar cómo te sientes y qué está ocurriendo dentro de ti. Ya que es la única manera real de poder acceder a la solución del malestar. Esto se debe a que cuando nos mantenemos al margen y nos desconectamos a nivel emocional obtenemos a corto plazo alivio, ya que nos evita enfrentarnos al malestar. No obstante, a largo plazo lo que obtenemos es mantener en el tiempo una situación dañina en la que, lejos de resolverla, se ha estado evitando. Sin embargo, cuando parándonos encontramos a corto plazo malestar al tener que conectar con esas emociones desagradables y su gestión, pero a largo plazo te acercan a tus objetivos y tu bienestar. Te hacen sentir alivio y feliz. 

Además, resulta agotador necesitar llenar continuamente el tiempo para escapar de uno mismo. Esta manera de actuar está compuesta de ataduras disfrazadas de objetivos. Detenerte, poder mirarte, escucharte y vivir conscientemente te hace más libre. 

Es cierto que cuando llevamos mucho tiempo sin parar, la carga emocional que nos supone hacerlo es muy grande. A veces no se tienen las herramientas necesarias para llevarlo a cabo o no se sabe por donde empezar. Es aquí donde toma un importante papel la terapia, para poder liberarte de las ataduras, conocerte y poder sanar aquello que te atormenta para poder sentirte libre.